
Wonder Bar es la verdadera picá alternativa. Incluso para los que le hacen el quite a los piscólogos de CFT que fermentan en la mediática Piojera. WB cambió de vereda pero no el menú ni el ki. Justo enfrente de donde estaba antes -General McKenna 1174- su buena mesa entre el curadito silencioso, el lustrabotas y el papá corazón que se gasta el sueldo en el Teletrak y junto al pebre más fuerte del barrio poniente esperan supurantes.
Saludos del garzoncito pelao, ese que se arranca con la cañita pal baño, de ex boxeadores mendigando los conchitos de los vasos y otros clásicos como el remedio pal resfrio (1 dosis cada 3 horas de chicha con naranja traida directamente desde Malloa a las fauces del delirium tremens). El Terremoto en sus tradicionales presentaciones se puede agrandar por $200 como en McDonalds si le caes bien a la garzona nueva, la socita rucia natural y con más galanes que las chicas del Galindo. El resto es la cordial carta muchas veces antologada, pero pocas veces igualada (mechada con tallarines, pescado frito con chilena, cazuela de vacuno, guatitas y charquicán por $1500) Nada mal mientras hacemos la hora para las humitas del verano. Si no te gusta, ándate a la chucha. O sea adonde el Chino José del Far West.