
Julio "Hedy Lamarr" Cortázar
Solo. En el lanzamiento del Festival de la Falacia. En un lugar atestado de famas, famosillos y famosos de las tablas y el teatro catódico. Cómo se comporta el cronista promedio?. Cómo un periodista de cuneta que lo encuentra todo bueno o como un periodista de casino que lo encuentra todo malo?. Mejor como un mero licenciado que come, bebe y cuenta las mejores anécdotas para ser invitado otra vez en la temporada de vacas flacas.
"La sala parece una basta sociedad de pulpos enloquecidos", diría un amigo bueno para las teclas. Están todos los que conozco. Los más anónimos son los directores de teatro y algunos músicos que están haciendo lobby para amenizar los encuentros teatrales del verano. Un Esperanza de Fama como yo, sólo puede sonreir y saludar a amigos imaginarios entre la multitú con gestos de dandy: "Hey, todo bien papá?", le digo con una levantada de ceja al Loco Valdéz que no está ahi. Me apoyo en una enorme copa que no se acaba jamás. Nunca había tomado un borgoña hecho con Carmen Margaux. De hecho ese mismo día estuve con Serrucho tomando malta con harina donde La Tuca y debo decir que el cambio fue de tintes colosales. Y el tinto también.
La ceja permanece en alto (en ocasiones levanto la otra aleatoriamente) y en reverencia levanto el vaso a muchas personas a las que entrevisté cuando eran tan famosuelos como yo y que ahora viven de esos 525.600 minutos de fama al año. Salvo un par de acontecimientos lívidos salidos de la sobremesa de LUN no es mucho lo que se puede conversar con ellos.
"Estamos aquí por el teatro", me dicen con tono de circunsición. A lo largo de la noche, cada vez que me lo dicen, las mejores intenciones se diluyen en el balbuceo del borrachín extasiado. A las 2 de la mañana ya me rio de sus chistes racistas y del pelambre: "Sabís quien se está comiendo a la B.L.?", "Cáchate esa mina, no me la voy a tirar más, es más loca que la mina de Atracción Fatal, cómo se llamaba?... la Michelle Pfeiffer?".
Estoy encerrado en lo que parece el casting de Mea Culpa y la teleserie del primer semestre juntas. Las brochetas y la empanaditas se acabaron hace rato y sólo se repiten de la tráquea pa dentro. A las 3 de la mañana la gente no diferencia a Nina Simone de Felix Da Housecat. Yo no veo diferencia entre cumbia y electrónica. Me viré con un par de números más en la agenda y una acidez formidable en ciernes. Maldita Tuca. De regreso en el colectivo no pude descifrar de quién era cada número telefónico y al único que se leía clarito le puse un número de más. Era el de la increíble nueva musa del teatro chileno, una morena con el carácter de Janeane Garofalo y el cuero de la Eliza Dushku. Espérenla este verano. Yo esperaré que me llame.