June 19, 2005

SASHA, SOS GRANDE, SABÉLO!


A pedido de quienes rasgan vestiduras y alegan que la crónica sobre el show de transformistas outsiders del circo Famass es una nueva capa de rímel sobre el pálido caracho del prejuicio, reproduzco el texto original que se escribió en plena crisis creativa y a horas de partir de vacaciones. También a pedido de quienes reconocieron un digno esfuerzo de retratar lo que hay bajo la alfombra de la verdadera farándula transformista ABC1 de la tele (la humanidad y la barriobajera realidad de los parias del primer párrafo), he aquí el texto de la discordia y el link para leerlo tal como salió después de pasar por la moledora de letras.
A quienes siempre te dan una palmada en la espalda aunque escribas un currículum, las gracias del caso y a los otros un formidable "pico pal que lee". Con todo respeto. Dime que nunca quisiste titular así algo.
Atentamente
Salazar Carlos

A continuación, Le LinÇ:

http://www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20050618/pags/20050618183807.html


Y el texto final:

La loca carpa de Show Famass
POBRE CIRCO TRAVESTI

El Manual de Carreño dice que es de mala educación mostrarse entusiasta por entrar a un circo de transformistas, sobre todo si hablamos de la última función en Santiago del show de doce reinas de la noche, mujeronas chacales del rímel y las uñas postizas en el verdadero Lugar Sin Límites de Donoso, donde se une lo exótico y lo decadente. A continuación y con explicit lyrics.
Por Carlos Salazar

"...Nada me gusta mas que tu risa, corazón
nada me sorprende mas en la vida,
que ver cambiar mi piel como la del camaleón
no te asustes por favor, solo hay que salir al sol"

Fito Páez, Música para camaleones


"Cómetelo, cómetelo!" me grita extasiada Sasha, el travesti que está sentado de piernas abiertas en mi hombro, la pícara Paola se frota contra mi del otro lado y se carcajea bailando el Aserejé. El cuadro se completa con Susana que se sienta encima mío y se "puntea" frenéticamente. Estoy sentado en la primera fila del Circo Show Famass en su brutal despedida del arenoso pedregal de la población Los Mares de Pudahuel donde levantaron la carpa –literalmente- hace un mes con funciones repletas cada noche. Aplastado contra la galucha, las tablas se me hunden bajo el menudo peso de tres hombres que comparten el guardarropa con las bailarinas de Rojo. Y yo sólo pienso que una nota in situ sobre un circo pobre que no sólo es pobre, sino de transformistas no era tan necesaria, debí haber ido al Circo Timoteo o al de la Tía Carlina por último donde las cosas son más apacibles, pero ya es tarde porque las luces están sobre mí, Sasha, Paola y Susana también. Ellas son lo único que me esconde ahora de las risas de un público que parece sacado de un circo Romano.
-¡Salten, los maricones!, grita la audiencia. Unas doscientas personas entre ellas, dueñas de casa, abuelitas y niñas que aplauden y vitorean cada vez que un hombre es cercado por las caricias de pantera del trío. Es el turno del periodista en primera fila:
-Cagaste, Negro, hoy es el turno de los hueones con lentes, me advierte Susana y me clava las uñas en las rodillas. Los lentes hace rato que se me cayeron al suelo.
-Tay regalao, ah?, me dice la voz ronca de una de las chicas que no alcanzo a identificar. La otra me jadea en los oídos y detrás de eso, las burlas y una ranchera de Pandora que nunca sonó tan macabra. Los escotes parecen auténticos pese a que Barbarella Foster, una espigada versión de Rita Hayworth con voz de locutor me cuenta que "No somos travestis, somos transformistas y tenemos todas nuestras presas bien puestas todavía".
Esa tarde las chicas del circo se refrescaban bajo el chorro de un grifo coqueteándole con sus poleras mojadas a algunos choferes incautos encandilados como Ulises frente al canto del charco y las ninfas se dejaban querer contestando a los bocinazos con carcajadas y gritos de hembra. Detrás flameaban banderines de la carpa naranja que ahora da la bienvenida a lo que será el último show de este circo de pueblo con "Los mejores transformistas de Santiago y la V región" según reza el ticket, con rutilantes estrellas como: Yamilett Duval, Verónica Bracho, Carola Smith, Yuma Star y Sacha Stuar (sic) entre otras. Prometieron “dejar la cagá” en escena para esta despedida que sería inolvidable. Doy fé de eso.

LA CARPA DE LAS LOCAS
Exterior, noche. El público hace fila -porque acá es mal visto decir "cola”- desde las diez para ver el show, pero ya es cerca de la medianoche. Le pago la entrada de $500 a una mujer sospechosamente femenina, que –según me cuenta una comedida señora con cara de vecina cahuinera- es la hermana de Verónica Power, dueña del circo y número central de la pista. “Un maricón exquisito” me comenta con rostro solemne. El show de Famass empieza con la fanfarria completa de Star Wars y un desfile de las chicas que tiene la simetría de un cuadro de Picasso. Hay tenidas poco aptas para ir a misa. Minifaldas, petos, botas y bragas de las que se ven en Santa Isabel con Vicuña Mackenna pasadas las 11 de la noche y que bien acomodadas pueden engañar a un homofóbico e incluso a los mirones que se camuflan en la oscuridad de las últimas gradas. La vecina metiche me da un codazo cada vez que sale un nuevo par de piernas a escena. Yamilet, Sacha, Prisila (sic), Yuma y Carola se apretujan en una rutina que parece aprendida como la de los tristes osos que bailan al son de los golpes del domador. Acá no hay leones, tigres ni osos, sólo coloridos peces con caderas artificiales y tetas de relleno, gacelas de paso cansino y uno que otro lobo que regala cigarros a las niñas una vez terminada la función.
Yamilett Duval, una rubia de voz acogedora hace las presentaciones dejando en escena a Verónica Bracho, la gruesa bailarina de La Cocotera que baila poseída por el brillo de los flashes de las cámaras. Sendas gotas de sudor le cruzan las mejillas en medio de la nube de polvo que sale desde el piso de tierra. Un grupo de pungas le lanza tapas de bebida y se ríen estrepitosamente. De pronto la atención vuelve al ruedo con la aparición de Susana Braun. Delgada, pelirroja, brevísima minifalda de látex rojo y botas de terraplén para corregir su tierna estatura. Parece sacada de un casting de teleserie y se pasea felinamente doblando una canción de Gilda o algo así. Coquetea con un hombre en silla de ruedas que da la impresión de levantarse en cualquier momento. Le pone una pierna encima y lo abandona por los muchachos gritones del borde de la pista que se pelean sus encantos. Parece estar apunto de subir donde ellos, pero se queda mirándome y de pronto comprendo que estoy en la línea de fuego, en la primera fila de la carne de cañón. De pronto la tengo frente a mí y me hunde la cara en su vientre y se contonea paseándome el piercing por la cara antes de irse. Huele a colonia inglesa y menjunjes de abuelita. Yo recojo libreta y lápiz del suelo y no levanto más la vista. La vecina sapa de al lado me palmotea las rodillas y se une al séquito de risas.
-Ahora viene la Verónica Power, me avisa. La dueña de casa que canta en directo una canción de Magaly Acevedo y atiende a quienes le estiran la mano y la saludan cariñosamente. Tiene un magnético parecido a Liza Minelli (envidiado don en el showbusiness) y una masculinidad forzada a lo Gael García. Viste un traje verde transparente con lentejuelas y un generoso colaless que baila y hace saltar no sólo al público. Tras ella es el turno de la artista invitada, se trata de Maira de Yamira una Jennifer López salvaje de generosas caderas que sí ofrece el genuino beneficio de la duda. Es una fibrosa diva que recibe con garbo francés los chiflidos de los hombres convertidos en ese lobo de las caricaturas de Tex Avery, ese que zapatea en el piso y desenrolla una lengua kilométrica con cara de imbécil frente a la caperucita. Se dejan querer y acariciar por la lola que escandaliza, pero deja a los asistentes con gusto a poco.
Para bajar las pasiones, se hace un brake que incluye papas fritas preparadas en una hoguera tipo scout en el patio y algunos números de rifa para ganarse una botella de ron y un paquete de condones al final del show.
-Ya, niña, agarra un número, le piden a Paola y cuando al tercer intento vuelve a fallar, la maestra de ceremonias estalla: “¡Pero agárralo, poh hueona, si fuera un pico lo agarrai en el aire y con los dientes!”. Después de la improvisación, ni al ganador le quedan ganas de ir a cobrar su premio.

EL LUGAR SIN LIMITES

El espectáculo continúa pasada la una de la madrugada y los asientos son más duros que los del Normandie. La nueva presentadora es Carola Smith, una contundente varona que podría ser el carabinero de la esquina. Dueña de una voz de mamá afectuosa y encantadora. Es el turno del salvaje numero de las Pandora: Sacha Stuar, Yamillet Duval y Susana Braun again. La primera, una frondosa morena alta y espigada, la segunda es la más tímida una frágil rubia que sólo señala a la víctima que será domada por el trío y puesta en ridículo de preferencia algún borrachín o jefes de familia en compañía de su prole. El tipo de la silla de ruedas sigue de casero de las bromas de las niñas. Ahora lo quieren sacar en andas y pero el sólo atina a agarrarle el muslo solícito a Sacha, Susana esta sentada encima y frente a él abrazándolo y apretado como en un sándwich, Yamillett se acaricia los pezones con la mano libre y cara de éxtasis. El grupo de pungas de la última fila llama a Yamilett y una vez arriba, la toman del pelo y la toquetean, la mechonean y le dan puñetazos en la espalda con la cara desencajada de risa, le lanzan patadas y el público lo celebra como un gaje del oficio de travesti. Pero ella entra en el juego y reparte unos buenos golpes con el dorso, ahí aparecen los músculos tensados en cada del delgado cuerpo de la Reina del Ragga. Sin perder la sonrisa, baja acomodándose los tirantes antes de recibir un último puntapié en la espalda. De pronto se lanza sobre mí junto a sus amiguitas. Es difícil tomar notas con un travesti sentado en cada hombro invitándolo a uno a entrar en confianza.
-¡Comételo, Cómetelo!, Sasha tiene las rodillas peladas y las pantys rotas y me quedo en blanco mientras la gente dispara cabritas y palos de helado.
-Aproveche, oiga, me dice la señora metiche, pero ya no sé si eso se refiere a “avanzar en la relación” o arrancar.
Carola Smith filosofa desde el micrófono:
-Ay Señor!, estos son los únicos hueones que pagan para que los agarren pal hueveo...
De pronto la pista musical se acaba y regresan corriendo al centro a hacer una reverencia y podría jurar que el tipo de la silla de ruedas se levantó durante la ovación.
Los perros siguen peleando bajo el entablado, que ofrece la seguridad de una casa de naipes.
Cerca del final irrumpe el último desfile. Es difícil ver que pasa porque a esas alturas las mamás, las hijas y abuelas han bajado a agolparse en el escenario para echar un último vistazo a los vestidos, peinados y maquillaje de los travestis. Las dueñas de casa están en una especie de trance, incitadas por la luz, como polillas temerosas de volver a la rutina del hogar.
Es la parte en la que uno debe hablar de la barriobajera calidad del espectáculo, del grotesco mundo de estos hombres pintarrajeados que vagan por un mundo de parias escondidos en una carpa y ridículos disfraces, pero la verdad parece estar en el otro extremo del prejuicio, porque las artistas del Circo Show Famass salen a despedirse de su publico de besos y abrazos, se dan consejos para el tratamiento del cabello, comparten las últimas papas fritas del kiosco. Toman a los niños en brazos y flirtean con los más reticentes choros del barrio. Otros esperan del otro lado de la calle fumándose un cigarro sin poder creer tanta mariconería. Verónica Power parece un cristiano común y corriente esperando a su polola y mira desde el borde de las cenizas. Mañana es el día de bajar la carpa y desmontar todo.
Al día siguiente, el pedregal está vacío. El circo va camino a San Antonio junto a su pintoresca trouppe de rodillas peladas, pelucas y los tintes baratos de las “niñas encerradas en el cuerpo de hombre” como se lamenta Barbarella. Un grupo de niños juega en el grifo de la esquina a la hora en que el calor dibuja volutas de fuego invisible sobre los restos del circo y dos niñitas se alejan de la cascada en busca de alguna pestaña perdida o una uña postiza. Sólo queda el eco de las carcajadas sobre las casas desparramadas bajo el sol.

3 comments:

Dolores said...

Nunca será lo mismo estar en el lugar de los hechos e imaginarse que estuviste allí.
Soy adicta a esta forma de contarme el barrio, gracias por rescatar la decadencia del poniente...o la inocencia de lo que está abajo de la tierra.

samurayciego said...

carlo que dice la wea q escribist????????????????
;(
=0
¨´
jjjejjejejejje ta mala la cuestiòn

Yo pienso y no aprendo said...

Genial!!!!.. me re cagué de la risa..
Saludos