Y así es como la temporada de recitales usureros, al menos se lleva los infames 80March 27, 2009
March 4, 2009
perro viejo

imaginé perros follando con gatas
imaginé dos personas follando en el aire mientras caían de un rascacielos
imaginé un coño grande como un pulpo, reptando hacia mí, apestoso, anhelante de orgasmo recordé todas las bragas, rodillas, piernas, tetas y coños que había visto
imaginé dos personas follando en el aire mientras caían de un rascacielos
imaginé un coño grande como un pulpo, reptando hacia mí, apestoso, anhelante de orgasmo recordé todas las bragas, rodillas, piernas, tetas y coños que había visto
voy a intentar olvidarlo todo. ¿acaso no harías tu lo mismo?
February 19, 2009
February 3, 2009
la vuelta al dia en 80 mundos
December 23, 2008
ORDINARY MADNESS

INTERIOR NOCHE
hombre caucásico
querida, ya están aquí!!
mujer devota
¿quiénes, mi amor? ¿tus amigos del trabajo?
hombre caucásico
no... ¡los extraterrestres!
mujer devota
¡dios santo! pero cómo no me avisas. no he preparado nada para comer, además mira cómo ando vestida
los extraterrestres
no se preocupe señora. hace 3500 años que no comemos nada
November 20, 2008
October 6, 2008
ERA LA ÉPOCA EN QUE LLOVÍAN GRANDES ANIMALES DEL CIELO

"Si no estás tocando Black Label,
la única forma de vivir aquí es loco, borracho o dormido".
Todo fue durante la breve anarquía y el descontento de las barras bravas cuando fueron expulsadas de los estadios por las familias que quisieron volver al futbol dominical. Se escribió en la prensa que el veinteañero Berríos había quemado la flota familiar en un acceso que mezclaba pisco puro y una furia incontrolable. Abandonó la enorme casa de sus padres y se instaló en un departamento inhóspito en el centro donde no llegaba el sol ni las visitas.
la única forma de vivir aquí es loco, borracho o dormido".
Todo fue durante la breve anarquía y el descontento de las barras bravas cuando fueron expulsadas de los estadios por las familias que quisieron volver al futbol dominical. Se escribió en la prensa que el veinteañero Berríos había quemado la flota familiar en un acceso que mezclaba pisco puro y una furia incontrolable. Abandonó la enorme casa de sus padres y se instaló en un departamento inhóspito en el centro donde no llegaba el sol ni las visitas.
Luego de eso fui testigo de cómo pokemones, nazis, raperos y flaites se unieron para golpearlo. Lo vi rodar por el suelo con las encías sangrantes, tapizando los callejones de San Pablo con carne de tribus urbanas y sonriéndole las dueñas de casa que se asomaban al escuchar los gritos. Lascivo y excitado les gritaba: “Mírenme, soy Luis Berríos”. Cojeando en busca de sus cervezas y tarareando indistintamente canciones de David Bowie o “Corrosion of Simplicity”.
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